Y yendo a lo realmente personal, concluyó:
"Cecilia, encontraste a un tipo trabado en
su desarrollo (usando un término de la
jerga cinematográfica, "development
hell") e hiciste algo presentable con él.
Gracias, muchas gracias. Los amo, les debo todo."
El cierre, mientras lo corría la música
para sacarlo del escenario, fue en castellano
y casi a los gritos: "¡Vamos Argentina
y un abrazo a los hermanos de Chile!", por
el terremoto sufrido hace pocos días.
A Campanella se lo veía casi tranquilo,
que parecía no caer respecto al gran momento
que vivía y a la importancia que tenía
el evento para el mundo cinematográfico
y, a esta altura, para el país en general.
Impactante debe haber sido recibir el premio
de parte de dos talentos como Pedro Almodóvar
-que le dio el premio y lo abrazó- y Quentin
Tarantino, y tal vez eso agregaba a su cara de
"susto".
Tras ganar el premio, el director dio una conferencia
de prensa mientras aún la ceremonia seguía
adelante. Allí dijo, entre otras cosas.
"El premio que me dieron muestra que la Academia
es muy abierta. A ellos no les preocupa la historia
previa que trae cada filme, los premios que ganó,
razones políticas ni nada parecido. Ellos
votan las películas que les gustan y esto
lo demuestra. También nominaron dos películas
latinoamericanas y se creía que eso no
podía pasar. Este proceso derribó
todos esos preconceptos", dijo. Luego de
la ceremonia, Campanella y su gente pasaron por
el Governor's Ball y planeaban, ya a las 4 de
la mañana hora argentina (alrededor de
las 23 en Los Angeles) encontrarse en el Hotel
Mondrian y festejar con todos los argentinos reunidos
allí.
Horas antes, Francella y el director estaban
excitados y nerviosos al entrar al Kodak Theatre.
"Es bastante más loco que la otra
vez. Más histeria. Ya se me acabaron las
cosas para tomar para bajar la ansiedad",
decía Campanella mientras se tocaba los
bolsillos vacíos.
El actor contó -en la transmisión
de Canal 13, a Catalina Dlugi- que prefirió
usar traje negro a esmoquin y que, finalmente,
consiguió una entrada para ir con su mujer
a la ceremonia, algo que lo preocupaba el día
anterior en la recepción en el Consulado
argentino. "Es un sueño de toda la
vida caminar juntos esta alfombra roja",
comentó.
Francella estaba mucho más confiado que
Campanella en que la película podía
ganar. Y quería que eso pasara para darle
una alegría al pueblo argentino. "Te
levantás a la mañana, mirás
los noticieros y todo está mal, todo es
triste, todo es inseguro. Te imaginas lo que es
darle esa alegría a la gente. Ojala se
dé", decía, emocionado por
el aliento que recibió de los argentinos
CLARIN